lunes. 17.06.2024
Partido RCD Mallorca / UD Almería Foto: RCD Mallorca
Partido RCD Mallorca / UD Almería Foto: RCD Mallorca

En una tarde soleada, a ratos, en el estadio Son Moix, los corazones de los aficionados del RCD Mallorca latían al ritmo de la esperanza y la tensión. El partido contra la UD Almería no solo era un enfrentamiento futbolístico, sino una batalla por la permanencia en la élite del fútbol español.

El pitido inicial resonó como una llamada a la gloria. Los jugadores del Mallorca, enfundados en sus camisetas rojo y negro, saltaron al césped con determinación, pero al mismo tiempo mostrando la tensión que implicaba la situación. La grada, pintada de color rojo, mostró su apoyo, aunque tampoco podía esconder su recelo. Los cánticos y las banderas ondeaban, no como en una final de fiesta, sino como en una final a vida o muerte.

El minuto 28 trajo la primera explosión de júbilo. Cyle Larin, que se había mostrado activo durante los primeros compases del partido, pero falto de acierto como siempre, se elevó en el área y conectó un centro preciso con la cabeza. El balón besó la red y la afición estalló en vítores, liberándose de gran parte de la tensión acumulada por la ocasión y lo que ésta representaba. El Mallorca estaba arriba en el marcador, y la esperanza se afianzaba.

Pero el fútbol es caprichoso, o responde a estímulos. La UD Almería, aprovechó que el Mallorca se agazapó en su campo y retrocedió descaradamente, mostrando su miedo y tensión (normal porque la ocasión así lo imponía). En el minuto 40, Sergio Arribas, hábil mediapunta, recibió un pase filtrado y definió con maestría, dejando latente que los andaluces era mucho mejores en ataque que en defensa. El empate silenció momentáneamente el estadio. El ambiente se podía cortar con el filo de un cuchillo. El objetivo no era otro que llegar al descanso con el marcador intacto. 

Aguirre sabía que tenía que mover ficha, y más en el centro del campo. No había cerebro que le diera criterio al equipo. Por ello, tras el descanso Mascarell sustituyó a un Samu Costa que no dio la talla durante la primera mitad (al igual que tampoco lo hizo un impreciso Dani Rodríguez, que también fue sustituido minutos más tarde). La segunda mitad fue un torbellino de emociones. El Mallorca tenía miedo, mucho miedo y eso se veía en las imprecisiones en los pases. Bruno Langa, en el minuto 65, adelantó a la Almería con un disparo cruzado imposible para el portero. Aquí sí que todo el mundo se veía, de una manera inexplicable, en lo peor. Los hinchas del Mallorca mordían sus uñas, mirando el reloj. ¿Podrían remontar?

Una tarea que se antojaba cada vez más difícil. El liderazgo de un Sergi Darder (esta vez sí), que combinó un gran trabajo técnico con un extraordinario derroche físico (hasta el final de los 90 minutos), acompañado de su insuperable amigo Abdón Prats, dio luz y mando a un Mallorca que estaba entre las cuerdas. Y entonces, en el minuto 82, el héroe inesperado del día, Sergi Darder, recogió un rebote en el área y sacó un disparo que se coló en el fondo de la portería del Almería. El estadio explotó. El empate estaba consumado, y la permanencia se acercaba.

Pero había un último capítulo. Los aficionados, tras el final de los 90 minutos, con los ojos pegados al móvil, seguían el partido entre el Cádiz y Las Palmas. El empate 0-0 en ese otro encuentro significaba que el Mallorca estaba a salvo. Nadie se movía de su asiento. Un silencio gélido imperaba en la grada y en el césped, donde los jugadores y cuerpo técnico esperaban una confirmación, que al llegar fundió el estadio en abrazos, celebraciones y cánticos de alivio.

El empate 2-2 (y el empate del Cádiz) era más que un resultado; era la garantía de un año más en la élite. Los jugadores del Mallorca se abrazaron, agradeciendo a la afición su apoyo inquebrantable. El estadio vibraba con la emoción de la permanencia lograda.

Así concluyó un nuevo capítulo épico en la historia del Mallorca. El fútbol, con su mezcla de pasión y drama, nos recordó que en cada partido se juega algo más que puntos: se juega el alma de un club y de sus seguidores. Son Moix seguirá siendo testigo de hazañas y emociones, y el Mallorca continuará luchando por su lugar en la élite, un año más.

Mallorca 2 - Almería 2: El Mallorca Firma la Permanencia en un Empate Agónico