martes 27/10/20

Yes Trump Can?

Las elecciones presidenciales en USA del próximo 3 de noviembre condicionarán el futuro de la humanidad en los próximos años, tal cual ya ha condicionado nuestro mundo la elección de Donald Trump hace casi cuatro años. Una victoria de Biden probablemente reconduciría la política estadounidense la senda del multilateralismo y del comercio global que forjó el Presidente Obama en los dos mandatos presidenciales que la vigesimosegunda enmienda de la Constitución permite y limita el periodo presidencial, y que Trump ha dinamitado retirando a los Estados Unidos de importantes tratados internacionales (Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica -TPP- cuyos miembros representaban un tercio del comercio internacional; o el Acuerdo de Paris contra el Calentamiento Global -que no llegó a entrar en vigor en USA  como tratado por la falta de ratificación del Senado, por poner dos ejemplos significativos), u otros de menos relevancia económica pero llenos de carga ideológica como la cancelación de los acuerdos con Cuba que Obama alcanzó permitiendo mayor flujo comercial y turístico entre ambos países.  Ciertamente esa política también ha tenido consecuencias que pueden llegar a ser positivas para los norteamericanos, como los nuevos acuerdos comerciales con China que se están negociando (probablemente el frente en el que más razón tiene de todos los que ha abierto), que reducirán la desproporcionada balanza comercial a favor del país asiático.  

Lo que es indiscutible es que las relaciones internacionales en los próximos años estarán marcadas por la competencia global entre las grandes potencias en alcanzar los retos que ya se están planeando para alcanzar el dominio económico - al que se ha añadido el sanitario- en todos sus frentes: el desarrollo e implantación de la inteligencia artificial, la carrera entre USA y China por ver quien implanta más rápidamente la tecnología 5G (y dónde), la batalla por la influencia territorial en países con recursos naturales para implementar esos nuevos retos, las nuevas rutas comerciales, o cómo discurrirá la guerra comercial que está menguando el comercio internacional y el extraordinario crecimiento global que los países pobres y en desarrollo han experimentado en lo que llevamos de siglo.

¿Puede Donald Trump reeditar su mandato? A fecha de hoy difícilmente podría revalidar la presidencia. Desde 1900 ningún presidente USA ha sido reelegido en medio de una recesión económica (de hecho el último fue William Mc Kinley en ese mismo año, y murió tiroteado un año después), por lo que si la pandemia sigue descontrolada, como ocurre actualmente, y se mantiene el nivel de desempleo, Donald Trump tiene muy complicado volver a ganar en los estados de tendencia demócrata que arrebató a Hillary en 2016, pudiendo también perder algún otro tradicionalmente indeciso que ganó hace cuatro años y que necesitaría revalidar, o incluso de tendencia republicana (como por ejemplo Arizona, en donde se suma en su contra el factor John Mc Cain).

Pero estamos a principios de julio y noviembre queda muy lejos. El viernes supimos que, aún y cuando la pandemia está en fase ascendente en el país, USA ha recuperado casi la mitad del empleo que perdió en los últimos tres meses debido al Covid19. La economía de este país es muy dinámica y puede recuperarse muy rápidamente, como ya se comprobó en 2009 (impulsado por su capacidad de endeudamiento al disponer de la moneda de referencia mundial, a un sistema de contratación muy flexible, y también, hay que decirlo, por el bajo nivel de protección social y sanitaria de los desempleados que obligan a éstos a una activa búsqueda de empleo). Si la economía rebota, las opciones del Trump aumentarían exponencialmente, y sin duda el candidato republicano se atribuiría el mérito, probablemente merecido en tanto que como hemos visto casi a diario, desde que empezó a extenderse la pandemia en su país siempre ha antepuesto la economía a la salud pública. Los muertos no votan, y en una sociedad marcadamente individualista, los vivos se decantarán por quien crean que puede enderezar mejor la economía. 

¿Cómo, pues, puede Trump ganar las elecciones presidenciales del 3 de noviembre? Si la economía remonta, Trump pondrá el resto con su discurso directo e incendiario al votante conservador, que es mayoritario en el conjunto del país si excluimos tan solo a California. Como sabemos el presidente es elegido por el colegio electoral, formado por 538 miembros elegidos en los 50 Estados de la Unión más el Distrito de Columbia (que curiosamente no tiene representación en las Cámaras legislativas), a cada uno de los cuales se le asigna un número de votos electorales o electores en función de su peso poblacional (equivalente a la suma de sus senadores y representantes). El candidato que obtiene más votos populares en cada estado, se lleva la totalidad de los referidos votos electorales (con las excepciones de Maine y Nebraska en donde los votos electorales pueden repartirse). El candidato que alcanza 270 votos electorales gana la presidencia. Y esto es así independientemente del número de votos totales entre los candidatos: Hillary Clinton obtuvo tres millones de votos más que Trump en 2016 (y sin embargo hubiera sido Trump quien hubiera ganado en votos populares si de los 50 estados contabilizaramos únicamente 49, excluyendo a la muy progresista California), y muy probablemente Biden aumentará esa ventaja ya que los demócratas aumentaran el número de votos populares en estados claramente republicanos . También sabemos que en casi todos los Estados el resultado se conoce de antemano, pues hay estados que en los que por razones de mayoría ideológica o demográfica siempre o casi siempre (una recesión es un factor de excepción por lo que podría darse en 2020) gana bien el Partido Republicano, o bien el Partido Demócrata, y que el total de los votos electorales conseguidos en estos territorios “seguros” para cada uno de ellos dan un resultado parejo, de modo que la victoria presidencial se decide en una decena o menos de Estados “indecisos” o volubles en función de las circunstancias del país, esencialmente las económicas, siendo al propio tiempo la tendencia la de reelegir al presidente en el cargo para un segundo mandato (el último presidente no reelegido fue Bush padre en 1992).

Curiosamente, en 2016 la elección de Trump no se decidió en esos estados tradicionalmente indecisos, sino en otros de clara tendencia demócrata, y en un contexto económico favorable tras ocho años de crecimiento bajo el mandato del demócrata Obama. En otras palabras, Donald Trump nunca debió haber ganado las elecciones de 2016 de acuerdo con los datos y precedentes históricos en esos estados que fueron decisivos,  y en el contexto económico del momento. ¿Qué ocurrió? Las primarias entre Clinton y Sanders enconaron al Partido Demócrata hasta tal punto que muchos seguidores del izquierdista Sanders se quedaron en casa el “voting day” como protesta a la nada escondida parcialidad del partido hacia Hillary. Cohabitaron dos circunstancias que favorecieron la sorprendente elección de Trump: la predilección del apartado del partido demócrata hacia la mujer más odiada de USA, y el empecinamiento del izquierdista Sanders en pelear hasta el final de las primarias a sabiendas de que no tenía opciones reales de vencerlas, y menos aún las elecciones presidenciales. La consecuencia de dicho abstencionismo por el electorado más progresista, especialmente donde Sanders tuvo más apoyo en las primarias derrotando a Clinton, fue como es sabido la victoria de Trump por muy escaso margen en estados “demócratas”, que de haber vencido Clinton le hubiera dado la presidencia. Así, en Michigan y Wisconsin, donde Sanders venció a Clinton en las primarias, y donde los demócratas habían vencido en las últimas 5 y 6 elecciones presidenciales respectivamente, Trump ganó en 2016 con el 47,50% de los votos frente al 47,27 % de Hillary en Michigan, y con el 47,22% frente al 46,45% en Wisconsin, mientras que en otro importante estado, Pennylvania, donde los demócratas no perdían desde 1988, también ganó Trump contra todas las encuestas por el estrecho margen de 48,6% frente al 47,9% de Clinton, y todo ello insisto en un escenario de robusto crecimiento económico bajo la presidencia saliente del demócrata Obama. Es extremadamente complicado que Trump pueda volver a ganar los tres estados citados. A día de hoy, todas las encuestas dan una victoria holgada a Biden en éstos y en otros de los llamados indecisos.

Por ello, para su desgracia, Trump no tendrá como rival a Hillary Clinton, ni un partido demócrata dividido, ya que esta vez Sanders abandonó prematuramente las primarias y rápidamente respaldó al candidato de su partido Joe Biden, de modo que con un partido unido y un candidato que puede presumir de haber sido el vicepresidente en la exitosa Administración Obama, pocos apuestan por su reelección, y así lo muestran las encuestas las cuales predicen no solo una cómoda victoria demócrata en los nombrados Estados de tendencia blue, y una ventaja también de Biden en otros estados indecisos donde se deciden las elecciones tales como Ohio y Florida -especialmente- o Iowa, sino que ponen en cuestión la victoria del GOP en estados marcadamente conservadores como Arizona, o los sureños Georgia o Carolina del Norte. Incluso hay encuestas que sitúan a Biden muy cerca de Trump en Texas, el más importante estado republicano en número electores (38).

Sin embargo no conviene subestimar a Trump. Las encuestas a pocos días de las elecciones de 2016 también daban una clara victoria de Hillary. El votante republicano es muy leal -86% aprueba la gestión de Trump-. Restan aún 4 meses, tiempo suficiente para que la economía pueda rebotar, y una campaña electoral en la que Trump sabe qué discurso dar, y a quién ofrecérselo, mientras que Biden navega en aguas ideológicamente más heterogéneas en las que si estira mucho un discurso izquierdista o pro minorías -obligado por los acontecimientos a raíz de la muerte de George Floyd- puede hacer dudar al electorado más moderado, o viceversa, y de hecho ya hemos contemplado en el primer examen al respecto -reivindicaciones de la población negra, votantes claramente demócratas- cierta timidez en su reacción inicial, lo cual claramente explotará Trump en su favor. 

¿Qué necesita Trump para reeditar su cargo? Lo principal lógicamente es que la economía se recupere o parezca que se recupera, lo cual es probable ya que el confinamiento que llevó a la recesión y perdida de 20 millones de empleos en los últimos 3/4 meses no se volverá a producir a pesar de que la pandemia está evolucionando al alza. Cuando menos por orden federal del Presidente Trump o de los gobernadores republicanos. Y si algún gobernador demócrata ordena confinar o cerrar la economía será Trump quien lo utilice políticamente a su favor culpando al rival de obstaculizar la recuperación. “Es la economía, estúpido” dijo Bill Clinton. Pues eso. Trump es tan astuto como maquiavélico y sabe donde están los votos que le pueden hacer ganar y cómo ganarlos. Cuando hace unas semanas la Casa Blanca estaba rodeada por activistas antirracistas salió a la calle con una Biblia y posó frente a una iglesia pidiendo Ley y Orden frente a los disturbios callejeros y actos vandálicos y delictivos que asomaban las principales ciudades del país, un guiño al electorado republicano conservador y también a la clase media moderada que antepone junto a la economía, la seguridad en sus barrios o suburbios residenciales. Y cuando unos derriban estatuas de celebridades que marcaron el crecimiento de este gran país, Trump, con la muerte electoral en los talones, visita el Monte Rushmore el 4 de julio para reivindicarlas, poniendo en la contienda electoral el factor patriótico -sin emular a Cary Grant-. Con el debate sobre la economía ocurrirá lo mismo: Trump ha sido poco partidario de cerrar la economía, tanto es que así que la apertura precipitada está extendiendo la pandemia. Y no les quepa duda que la mayoría de estadounidenses anteponen, como Trump, el poder trabajar que el riesgo de infectarse. 

De este modo, con la ayuda además de los poderosos estímulos económicos que este país puede permitirse (ya lleva aprobados 3 billones -castellanos- de dólares), con cheques directos de 1200 dólares a los ciudadanos firmados por Trump (está a punto de aprobarse un segundo cheque ), es bastante probable que en noviembre la economía esté en optima fase de recuperación, y que sea él mismo quien se atribuya el éxito de dicho crecimiento, lo cual sin duda le dará votos que hoy no tiene.

Concretemos las opciones de Trump: como se ha dicho, las elecciones se decidirán -salvo cataclismo sanitario-economico- en 8 o 9 estados que hemos ya citado, y que podemos agrupar en tres grupos. El primer grupo, Arizona, Georgia y Carolina de Norte donde el GOP es claramente vencedor en prácticamente todas las elecciones desde 1950, y donde sorpresivamente las encuestas dan posibilidades a Biden. Y junto a este grupo, un segundo formado por estados claves, Florida, Ohio y Iowa, donde venció Trump en 2016 y que en muchas ocasiones debido a su población y número de electores, en especial los dos primeros, son los territorios que “desempatan” el equilibrio electoral en el resto de la nación. Un dato explica mucho: desde 1964, quien gana en Ohio, gana las elecciones presidenciales (no fue así en las reñidas elecciones de 1960 entre Nixon y Kennedy), y con excepción de las elecciones de 1992, lo mismo ha ocurrido en Florida. Trump necesita volver a ganar los citados 6 Estados. Si pierde uno de ellos puede despedirse de ganar. ¿Puede ganar Trump estos seis Estados? Claramente sí puede. Las últimas encuestas publicadas en el último tramo de junio, en un contexto económico y sanitario muy adverso, dan una venta a Biden de tan solo entre un 1% y un 4% en Florida (el ojito derecho de Trump y que pondrá toda la carne en el asador); un 2,4% en Ohio, un estado de tendencia conservadora pero en donde la realidad económica condiciona mucho el voto, y por esos lo que ocurra hasta noviembre puede variar esa intención de voto; entre 2 y 4 puntos porcentuales en Georgia, cuando en enero la ventaja de Trump era cómoda (y donde la movilización de la población negra residente en Atlanta puede dar un giro histórico); entre el 2% y el 4% en North Carolina; y entre 2 y 4 puntos en Arizona (donde muchos votantes moderados quizás se la tengan guardada a Trump por mofarse del senador Mc Cain en las semanas previas a su fallecimiento por un cáncer cerebral). O sea, son porcentajes estrechos que con una mejora de la situación económica, el voto oculto que probablemente tiene Trump o el GOP por sí mismo, y el efecto de la campaña electoral, pueden cambiar la tendencia que muestran las encuestas, que recordemos, erraron estrepitosamente en 2016. En conclusión, Trump puede ganar esos seis estados, pero tiene que ganarlos para poder tener opciones de vencer el 3 de noviembre. Y si lo hace, tendrá sumados 259 votos electorales, a tan solo 11 de la victoria. 

Entonces quedarían por contabilizar los 3 estados que formarían el tercer grupo, y que son los ya nombrados en este escrito: Pennsylvania, con 20 electores, Wisconsin, con 10, y Michigan, con 16. Recordemos que son estados que han votado al partido demócrata en las ultimas décadas en las elecciones presidenciales, y que las encuestas dan clara ventaja a Biden, pero que en 2016 ganó Trump contra todo pronóstico por un puñado de votos. De confirmarse las encuestas a favor del Partido Demócrata, Biden alcanzaría los 278 votos electorales frente a los 259 de Partido Republicano, y se acabó la historia. Era el resultado que debió darse en 2016 y que las circunstancias antedichas impidieron. Pero también en 2016 las encuestas daban clara ventaja a Hillary en esos enclaves. Y si antes se ha dicho que Trump tiene que ganar aquellos estados claramente republicanos, más Iowa, Ohio y Florida de tendencia republicana, lo mismo tiene que decirse de los demócratas respecto de estos tres enclaves, pues si Trump conserva tan solo uno de ellos podría alcanzar los 270 electores que necesita. La entrada de otros estados en este selecto grupo es improbable, y desde luego si hubiera algún cambio al respecto parece que sería Biden quien arrebate a Trump estados republicanos que lo contrario, pero no todo está decidido y faltan componentes que van a desarrollarse: la evolución de la economía, la gestión de la pandemia sobre el cierre de la economía, y, no menos determinante, que el votante americano conozca a Biden, bastante escondido en estos meses, y que deberá dar la cara, enfrentarse a Trump dialécticamente, y responder las contradicciones de un partido tan heterogéneo frente al discurso claro, directo e ideológico del actual presidente. 

Yes Trump Can?
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