domingo 20/9/20

Pandemia social

Llevamos ya dos meses de confinamiento y todo ha cambiado. A peor evidentemente. El animal más camaleónico que existe es el hombre, en mi opinión todos los hombres con escasas excepciones. Hablamos de la nueva normalidad sin saber lo que es la normalidad o ignorando su significado más importante, lo habitual u ordinario. A lo habitual que teníamos hace dos meses u lo que llamábamos ordinario se ha trastocado radicalmente y no regresaremos jamás, por muchas y variadas razones a ello. Debemos hablar de una nueva realidad y esta nueva realidad es cruel y triste. Una vez asumida esta realidad, podremos indiscutiblemente, dentro de ella, encontrar o construir una normalidad.  

La realidad de hoy es la miseria y la exclusión social para muchas personas, lo cual evidentemente no es una nueva normalidad y el número de familias en riesgo de exclusión social ha aumentado exponencialmente. Ni el mismo Gobierno, ni los diez y siete reinos de taifas encuentran la solución adecuada y dan la sensación de dar palos de ciego.   Realmente están subsidiando a las personas y esto es absolutamente malo. No nos rasguemos las vestiduras, la falta de trabajo, de iniciativa, de futuro, no puede ser paliado con dinero, sin más, de las arcas públicas, éstas se vaciarán y empobreciendo al estado, destruirán el sistema del bienestar y será la pescadilla que se muerde la cola.

Las entidades de la sociedad civil dedicadas a la ayuda social están absorbiendo, no con pocas dificultades, una gran parte de esta pobreza sobrevenida por el mal funcionamiento o fragilidad del actual sistema.

Debemos decir basta a muchas cosas. Enumerarlas sería dejar muchas en el cajón y esto sería doloroso, pero si podemos hacer algunos comentarios y dar opiniones sobre esta nueva realidad, subsidiar la necesidad no es solución, es agotar recursos, las entidades sociales, a las que derivan los servicios sociales muchas familias, por no tener, presuntamente, las instituciones los suficientes recursos o infraestructuras habilitadas adecuadamente, el subsidio produce una reducción de la auto estima de las personas, en la mayoría de ellas, produciendo en otras situaciones de acomodamiento social y ambas cosas son malas.

El estado de bienestar no es vivir del maná público o privado, el estado de bienestar es el resultado del trabajo común de todas las personas y cuantas menos trabajen y más puestos de trabajo se destruyan menos estado de bienestar tendremos en consecuencia y sin paliativos peor se estará. Los gobiernos deben a todas luces fomentar el empleo para evitar más pobreza y las entidades sociales la creación de cooperativas de trabajo asociado o bolsas de trabajo y fomentar la realización de cursos de formación en sus propias sedes advirtiendo además a sus ayudados de tales extremos y que la ayuda no es una solución, la solución es común.

No estamos esperando la nueva normalidad, estamos creando una NUEVA REALIDAD, y como mencioné de esta NUEVA REALIDAD, deberá salir el instrumento adecuado en virtud de la situación, para crear la normativa válida que nos dé paso en el tiempo a una NORMALIDAD EN LA NUEVA REALIDAD.

Gracias a todas las entidades privadas, fundaciones y donantes la gran y callada labor que están realizando nuestra sociedad podrá seguir adelante, con este Gobierno creo que difícil lo tenemos.

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