sábado 8/8/20

Amo Palma, odio Palma

Palma es una ciudad de contrastes. Mi marido siempre me dice que ama Palma y odia Palma. Y yo siempre le contesto que es difícil odiar y amar al mismo tiempo una ciudad. Amar Palma es fácil. Es una ciudad preciosa y pasear por el centro cuando no tienes prisa y puedes disfrutar de sus pequeños y grandes rincones es realmente placentero. 

Aunque si lo piensas bien, tenemos una ciudad muy sucia, exageradamente sucia, y ruidosa, exageradamente ruidosa. Y ahora además si tienes coche, no tienes garaje donde aparcar, y no te queda otra que dejarlo en la calle, tienes un problema. Porque se ha permitido a los bares ocupar zonas de aparcamiento para que puedan ampliar sus terrazas con la crisis de la COVID-19. Y sí, supongo que está bien, que hay que ayudarles y tal, pero es que ahora la mayoría de bares tienen el doble de mesas en sus terrazas de las que tenían antes.  Incluso reservan el espacio delante de su establecimiento en días que tienen cerrado. Por no hablar de la variedad de tarimas, césped artificial, palés, antorchas hawaianas, y demás mobiliario, que parece que se ha dejado para la recogida selectiva de residuos más que para dar una buena impresión de sunegocio.

A pesar de todo, los bares están llenos y los vecinos estamos saturados de ruido y suciedad. Y que no me vengan con lo que dicen algunos cuando te quejas y te contestan que ya sabias donde ibas a vivir. Cómo si el incivismo estuviera permitido en según qué zonas de Palma. Bueno, pues eso, que creo que al final tendré que dar la razón a mi marido, y yo también tendré que decir que amo Palma, odio Palma.

Amo Palma, odio Palma
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