viernes 10.07.2020

¡Bendito teletrabajo, bendita conciliación!

Son las 6:00 am ¡Empieza la jornada! Cafetito, tostada y conectamos en 3, 2, 1... Miro la agenda y la lista de tareas que tengo para hoy ¡vaya tela! Suerte la mía que anoche mi hijo se fue a dormir pronto, pude adelantar trabajo, terminar la auditoría de redes sociales de mi nuevo cliente y preparar el informe de resultados de la última campaña de publicidad en Facebook del restaurante La tapa de Menganito. 

A las 9:30h empieza las clase online de mi hijo… así que tengo menos de 3 horas para revisar y contestar todos los mails pendientes y los mensajes de WhatsApp que me quedaron pendientes de ayer, comprobar las publicaciones y las notificaciones recibidas en las redes sociales de clientes, la agencia y las mías propias. ¡Hoy la cosa está cundiendo! Son las 8:45h y voy a poder terminar de ver el webinar que empecé ayer por la tarde sobre gestión eficaz del tiempo mientras preparaba la cena y la comida del día siguiente y mi marido se encargaba duchar al peque y jugar un rato con él.  ¡Fantástico!

Son las 9:00h. ¡Arriba, peque! Desayuno, un rato de dibujos animados y conectamos con Google Classroom ¡qué empieza la clase!  Mientras su profe explica en un vídeo de 5’ las tareas que van a realizar yo aprovecho para realizar dos llamadas urgentes antes de sentarme con mi hijo a echarle un cable con los deberes del día. Durante los 10’ de recreo, arreglo la casa, pongo la lavadora y me tomo un cafetito…Se han hecho las 12:30h, finaliza la clase online y toca tiempo libre.

Hasta la hora de comer, sobre la 13:30h, tengo tiempo de hacer una videoconferencia con un cliente que ha contratado mi servicio de consultoría… le ha pasado un enlace para conectar por Zoom, pero prefiere que nos reunamos por Jitsy ¡ningún problema! -Escucha, hijo, mamá tiene una reunión muy importante y necesito que no grites, ni pases por detrás, ni pongas la tele a tope ¿vale? 

Tras la comida, la fiera se relaja, mi marido llega a casa y yo me encierro hasta la hora de la cena en el despacho improvisado que monté en mi habitación tras tener que cerrar mi oficina con motivo del estado de alarma. ¡La tarde es mía! Redacción de contenido para redes sociales, una hora y media de mentoría para un cliente, preparar el guión de una charla sobre LinkedIn de la semana que viene, diseñar una campaña de publicidad en Facebook, enviar un presupuesto y reclamar unas facturas que no hay manera de cobrar. 

Veo que hoy, tampoco, puedo hacer la sesión online de yoga.

¡Ya son las 19:30h! Hora de baño, cena, un rato de conversación con mi marido, cuento de buenas noches y todos a dormir, menos yo. ¡Creo que la noche va a ser larga! ¿Qué hago?  ¿Adelanto el trabajo de mañana?, ¿sigo con el curso online que empecé la semana pasada?, ¿pienso en una nueva estrategia de ventas para la agencia?, ¿llamo a una amiga para desahogarme un rato?, ¿reviso las cuentas del banco?, o mejor ¿hago la compra del super? o mejor ¿me voy a dormir y mañana será otro día?  

Vaya, entre una cosa y la otra, se me han hecho las 2 am.

¡Bendito teletrabajo, bendita conciliación!

¡Bendito teletrabajo, bendita conciliación!
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