viernes 22/10/21

¡Me como una y cuento veinte!

Ésa es la expresión que grito desde hace más de 30 años como jugadora de parchís, cuando tiro el dado y  la suerte quiere que me zampe la ficha de mi admirado y respetado cuñado, mientras trato de disimular mi afán de revancha recordando el último jarrón que me regaló por Navidades.   

Estos días pasados, he leído en varios medios digitales que el juego del UNO cumple este 2021, 50 años. Junto al parchís, este juego de cartas acompaña las sobremesas de los domingos en casa de mis padres (ojalá pronto podamos retomar esta rutina) y grandes y pequeños conectamos y compartimos un par de horas de diversión y lucha encarnizada para lograr quedarnos sin cartas y así ganar la partida, no sin antes cantar ¡Me queda una!  

Con el confinamiento domiciliario, los juegos de mesa han sido una de las alternativas más populares y socorridas de entretenimiento, aparte de videojuegos y paseos por los pasillos de casa como si entrenáramos para la maratón de Nueva York.  

Los datos lo dicen. Hasbro España (compañía de juguetes) informa que “el confinamiento ha disparado fuertemente la demanda de juegos de mesa y manualidades. Y un estudio de The NPD Group dice que el 45% de los españoles afirma que desde que comenzó el confinamiento dedica más tiempo a jugar que antes con juegos y juguetes.

Los juegos de mesa, además de ofrecernos un rato de diversión, son una fuente de beneficios psicológicos y sociales, tanto a nivel individual como colectivo y, además, son saludables. Algunos de ellos son: conectar y socializar con familia y amigos, adquirir conocimientos de forma divertida y amena, ayudar a mejorar la concentración y la memoria,  potenciar la creatividad, desarrollar habilidades sociales y la inteligencia emocional, mejorar la autoestima y fomentar el trabajo en equipo y, además, regular la tensión arterial ya que la risa y la liberación de endorfinas promueven la relajación muscular y una mejor circulación sanguínea.  

Antes que darles la vacuna, a toda esa gente que se salta las normas que nos ha tocado respetar en estos tiempos de pandemia, les regalaría un parchís o un juego del UNO para ver si así se quedan quietecitos en su casa y dejan de incordiar. 

¡Me como una y cuento veinte!
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