jueves. 11.08.2022

La OTAN. El origen de las cosas

Algunos consideran lógico que Putin reaccione con una guerra ante lo que definen como una “actitud nazi de Ucrania” contra los derechos lingüísticos de los ruso-hablantes de este país (con atentados y ataques bélicos incluidos), o lo que llaman "una puesta de misiles en su frontera" por parte de la OTAN, tras la petición de Ucrania de entrar en la Alianza Atlántica.

Estas dos afirmaciones carecen de fundamento. La realidad es que no solo Ucrania, sino el resto de los países satélites de la antigua URSS, están entrando en la OTAN. Y hay que estudiar el origen de las cosas para darse cuenta del porqué de tal circunstancia.

Las fuerzas soviéticas que combatieron para liberar los países de Europa del Este de los nazis permanecieron en la región incluso después de la rendición de Alemania. Stalin lo aprovechó para establecer Estados satélites. Ya en 1939 intentaron sin éxito la invasión de Finlandia, pero consiguieron la región oriental de Karelia.

En 1940 los soviéticos atacaron Lituania, Estonia y Letonia. La comunidad internacional condenó esa anexión por ilegal. Ese mismo año le exigían a Rumanía Besarabia, Bucovina y la región de Herța. Los soviéticos invadieron estas zonas y Rumanía perdió los territorios.

Entre 1943 y 1945 se anexionaron los países de Europa Central. En la Conferencia de Yalta de 1945 Stalin exigió una esfera de influencia, manteniendo Polonia oriental, tras la invasión de 1939. El ministro soviético Viacheslav Mólotov expresó su preocupación por el Acuerdo de Yalta pues podía impedir los planes de Stalin en Europa Central. Este respondió: "No importa. Lo haremos a nuestra manera más tarde". Así se apoderaron de Hungría, Bulgaria, Moldavia, Yugoslavia, la República Democrática Alemana, el Berlín oriental, Polonia, Rumanía y Albania.

Con la marcha de las tropas estadounidenses y canadienses la URSS amenazó directamente a Noruega, Grecia, Turquía y Checoslovaquia, que invadieron en 1968. Y planearon invadir Austria, obligada a mantener un estatus “neutral” de no entrar en la OTAN, bajo amenaza de ser invadidos.

Fuera de Europa han intervenido en Cuba, la isla de Granada, Benín, Congo-Brazzaville, Angola, Nicaragua, Mozambique, Etiopía, Somalia, Yemen del Sur, Afganistán, Mongolia, China (hasta 1956), Corea del Norte, Vietnam, Laos o Camboya.

Occidente veía con preocupación la política expansionista de la URSS y la ONU se mostraba impotente por el veto soviético. De ahí surge la asociación de países para darse seguridad: en 1948 Francia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y el Reino Unido firmaron el Tratado de Bruselas, con el que creaban una alianza militar: la Unión Europea Occidental. Pero la creciente expansión de la URSS hizo que se decidieran a crear una alianza defensiva más amplia, con Estados Unidos y Canadá, e invitando a Dinamarca, Islandia, Italia, Noruega y Portugal. Como sustento de todo ello el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, relativa al derecho de legítima defensa, individual o colectiva, en caso de ataque armado contra un Miembro de las Naciones Unidas. Y así nació la OTAN, con el objetivo de contener militarmente una potencial agresión militar de la URSS, que la posterior guerra de Corea no hizo sino consolidar.

La caída del Muro de Berlín confirmó que la organización cumplía con su función: disuadir a la URSS de seguir atacando y anexionarse países libres de occidente. Por ello la OTAN tuvo tres ampliaciones, con cuatro miembros más: Grecia y Turquía en 1952, Alemania en 1955 y España en 1982.

Putin, oficial de los servicios secretos de la URSS, vivió la caída del muro destinado en Berlín como Jefe de la KGB, lo que le impactó enormemente. Por eso con él como presidente Rusia ha lanzado los siguientes conflictos: en 1999 la segunda guerra chechena (Boris Yeltsin renunció, Putin presidente interino); en 2004 de nuevo Chechenia. En 2008 en Georgia, con el conflicto en Osetia del Sur y Abjasia; en 2014 Rusia se anexiona la península ucraniana de Crimea. En 2015 Rusia lanza su primer ataque en Siria supuestamente contra el ISIS e interviene en Libia y el Sahel. Y apoyó a Armenia en sus guerras con Azerbaiyán por el Nagorno Karabaj y a Lukashenko en 2020 para subordinar Bielorrusia a Rusia. Sin olvidar Artsaj ni Transnistria en Moldavia. Y este 2022 cuando Ucrania es atacada por Rusia.

Tengo claro que las cosas no son blancas o negras, pues Ucrania tuvo fallos, no se puede negar. Y que el mundo anglosajón está sacando beneficio de todo esto. También. Pero lo cierto es que ni Europa, ni España, tenemos suficiente peso como para decidir en nuestros propios asuntos de forma autónoma. Nos hemos autoimpuesto una dependencia energética de la que ahora pagamos la factura. Y hemos hecho una dejadez de nuestras obligaciones en materia de defensa que nos deja a lo que diga el nuestro -permítanme- “primo de zumosol”. Las cosas son así.

Pero incluso con todo y con eso la actuación de Putin NO es defendible bajo ningún concepto. Desde hace más de un año acumulaba reservas financieras para paliar las previsibles sanciones económicas y bloqueos comerciales, recortando también la producción de gas para provocar subidas de precios e ingresar más, fortaleciendo sus reservas monetarias y debilitando a la UE. Ha influido en el BRExit y ha ayudado a los grupos independentistas en el Procés de Cataluña. Y ha ejecutado frecuentes ataques cibernéticos, incluso intentando influir en los procesos electorales de los Estados Unidos. Pues eso.

La OTAN. El origen de las cosas
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